El mayor sesgo del emprendedor está frente al espejo
Si te pidiera que describieras tus principales fortalezas como emprendedor, probablemente no tardarías mucho en responder. Quizá dirías que eres disciplinado, perseverante, creativo, flexible o resiliente. La mayoría de nosotros tenemos una imagen bastante clara de quiénes somos y de los valores que guían nuestras decisiones.
“Si quieres saber quién eres, cómo te sientes o cómo eres realmente, presta atención a lo que haces y a lo que otras personas observan en ti”
Pero ¿qué tan precisa es esa imagen?
La respuesta puede resultar incómoda. Durante años hemos asumido que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Sin embargo, la psicología lleva décadas mostrando que nuestra capacidad para comprender nuestras propias motivaciones, fortalezas y debilidades tiene importantes limitaciones.
Y esa limitación puede tener consecuencias muy concretas para un emprendedor. Porque si no identificamos correctamente aquello que realmente impulsa nuestro éxito —o aquello que nos está frenando— también será más difícil saber qué debemos desarrollar para crecer.
Somos mejores contando nuestra historia que explicando nuestro comportamiento
Uno de los investigadores que más ha estudiado este fenómeno es el psicólogo Timothy Wilson, autor del libro Strangers to Ourselves: Discovering the Adaptive Unconscious.
Wilson plantea una idea tan sencilla como poderosa: gran parte de los procesos que determinan nuestras decisiones ocurre fuera de nuestra conciencia. Nuestro cerebro toma miles de decisiones automáticas, interpreta situaciones, genera emociones y construye respuestas mucho antes de que seamos plenamente conscientes de ello.
Después hacemos algo que todos conocemos muy bien: construimos una explicación.
No necesariamente una explicación falsa. Pero sí una explicación que nos resulta coherente y que encaja con la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Wilson resume esta idea con una recomendación muy interesante: si realmente quieres conocerte, no basta con mirar hacia dentro. También necesitas observar lo que haces y prestar atención a cómo tus comportamientos se repiten a lo largo del tiempo.
En otras palabras, la introspección es valiosa, pero tiene límites.
El problema de preguntarnos quiénes somos
Imagina que alguien te pregunta: “¿Eres una persona disciplinada?”, La mayoría de nosotros posiblemente responderíamos sin demasiadas dudas.
Sin embargo, una pregunta distinta podría ser mucho más reveladora: “Durante el último mes, ¿cuántas veces cumpliste los compromisos que habías adquirido contigo mismo aunque no tuvieras ganas?”
La primera pregunta evalúa una identidad. La segunda evalúa un comportamiento.
Y aunque ambas parecen similares, no siempre conducen a la misma respuesta.
Los psicólogos conocen bien este fenómeno. Nuestra memoria es selectiva. Recordamos con más facilidad aquello que confirma la imagen que tenemos de nosotros mismos y prestamos menos atención a los episodios que la contradicen. También tendemos a sobreestimar algunas fortalezas porque forman parte de la persona que aspiramos a ser, aunque nuestro comportamiento cotidiano no siempre las refleje con la misma consistencia.
No significa que nos estemos engañando deliberadamente. Simplemente significa que conocernos objetivamente es mucho más difícil de lo que imaginamos.
La auto percepción es una fuente de información valiosa, pero incompleta.
Una lección que aprendí durante mi investigación
Mientras desarrollaba la investigación que sirve de base para mi próximo libro esta idea estuvo muy presente desde el principio. Mi objetivo era identificar qué valores se relacionan con el éxito emprendedor. Pero pronto comprendí que una simple pregunta del tipo "¿Qué valores consideras más importantes?" probablemente no sería suficiente.
Si la introspección tiene limitaciones, necesitaba una forma distinta de aproximarme al problema. Por eso decidí combinar diferentes formas de evaluación.
Por un lado, pregunté directamente a los participantes qué importancia atribuían a distintos valores. Por otro, desarrollé un instrumento orientado a medir la frecuencia con la que determinados comportamientos asociados a esos valores aparecían en su manera habitual de actuar.
No pretendía comprobar si los emprendedores eran sinceros. Partía de una hipótesis mucho más interesante: que la percepción que tenemos de nosotros mismos y nuestros patrones reales de comportamiento no siempre coinciden.
Y los resultados confirmaron precisamente eso.
En un artículo anterior compartí uno de los hallazgos más llamativos de la investigación: La resiliencia resultó ser uno de los mejores predictores del éxito emprendedor; sin embargo, cuando los participantes tuvieron que ordenar los valores según la importancia que les atribuían, la resiliencia apareció sorprendentemente abajo en la lista.
Esa aparente contradicción me llevó a una conclusión importante.
Quizá el problema no era que los emprendedores no valoraran la resiliencia. Quizá el problema era que no eran plenamente conscientes del papel que la resiliencia había desempeñado en su trayectoria.
Lo que realmente muestran nuestras decisiones
Esta experiencia me hizo reflexionar sobre una pregunta que va mucho más allá de la resiliencia.
¿Cuántas de las fortalezas que creemos tener coinciden realmente con nuestros comportamientos cotidianos?
Y también aplica al caso contrario, ¿cuántas fortalezas estamos utilizando todos los días sin ser plenamente conscientes de ello?
Los emprendedores solemos definirnos con palabras.
"Soy responsable."
"Soy flexible."
"Soy perseverante."
Pero el éxito empresarial no depende tanto de las etiquetas que utilizamos para describirnos como de los patrones que se repiten en nuestras decisiones. De nuestro comportamiento. De nuestras decisiones.
Las decisiones dejan huellas. Cada negociación, cada conversación difícil, cada oportunidad rechazada, cada error asumido, cada problema resuelto.
Con el tiempo, esos pequeños comportamientos repetidos terminan describiendo con mucha más precisión quiénes somos que la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Conocerse mejor también es una ventaja competitiva
Existe una idea muy extendida de que el desarrollo personal consiste en incorporar nuevas habilidades. Y, desde luego, aprender siempre es importante.
Pero hay otra posibilidad igualmente valiosa: Descubrir que algunas de nuestras fortalezas estaban ahí desde hace tiempo y simplemente no las habíamos identificado. O descubrir que aquello que considerábamos una gran fortaleza en realidad aparece con mucha menos frecuencia en nuestro comportamiento de lo que imaginábamos.
Ambos descubrimientos son útiles.
Porque es muy difícil desarrollar aquello que no vemos. Y también es difícil aprovechar plenamente fortalezas que nunca habíamos reconocido.
En el mundo del emprendimiento hablamos constantemente de conocer al cliente, analizar el mercado o medir indicadores financieros. Sin embargo, pocas veces aplicamos ese mismo rigor para conocernos a nosotros mismos.
Y quizá sea una de las inversiones con mayor retorno.
Una invitación a mirar más allá de la intuición
Una de las principales lecciones que me dejó esta investigación es que la intuición y la introspección siguen siendo herramientas valiosas. Pero no son suficientes, y no deberían ser las únicas.
Cuando queremos mejorar un negocio utilizamos datos.
Cuando queremos mejorar un proceso utilizamos indicadores.
Cuando queremos entender el comportamiento de nuestros clientes recurrimos a la investigación.
¿Por qué habría de ser diferente cuando el objeto de estudio somos nosotros mismos?
Inspirada por esta misma idea, durante mi investigación desarrollé EVE (Evaluación de Valores del Emprendedor). En lugar de preguntarte simplemente cómo te describes, el cuestionario explora patrones de comportamiento asociados a distintos valores emprendedores. No pretende sustituir la introspección, sino complementarla con una perspectiva más cercana a la que propone Wilson: observar lo que hacemos para comprender mejor quiénes somos.
Porque, al final, la pregunta más importante no es:
¿Qué valores creo tener?
La pregunta verdaderamente útil es otra:
¿Qué valores muestran realmente mis decisiones?
Si quieres descubrirlo, te invito a realizar gratuitamente EVE (Evaluación de Valores del Emprendedor) y conocer tu perfil de valores antes de la publicación de mi próximo libro.
Puede que confirmes lo que ya sabías sobre ti.
O puede que, como ocurrió con muchos de los emprendedores que participaron en mi investigación, descubras fortalezas que llevaban años acompañándote sin que les hubieras dado el valor que realmente merecen.