La paradoja de los valores del emprendedor: el valor que más predice el éxito es uno de los menos valorados
Hace algún tiempo escribí un artículo sobre la resiliencia y por qué la considero una de las actitudes más importantes para cualquier emprendedor. En ese momento hablaba de ella desde la psicología y desde la experiencia: emprender implica convivir con la incertidumbre, aprender de los errores y levantarse una y otra vez después de cada dificultad.
La resiliencia como concepto psicológico ha sido considerada de distintas formas: como una forma de conducta, como una actitud, o como una habilidad. Recientemente, realicé un estudio sobre los valores del emprendedor que se asocian al éxito, y decidí considerarla como un valor.
“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el valor para continuar”
Un valor se define como una creencia duradera de que un modo de conducta o un estado final es personal o socialmente preferible. Y así es como deseaba entender la resiliencia en el contexto de mi investigación: no como la conducta per se de levantarse luego del fracaso. Ni siquiera como la capacidad (potencial) de hacerlo, sino como algo que va más allá: la creencia de que ser resiliente es preferible, y más valioso, que otras formas de conducta frente a la adversidad.
Esa investigación la realicé en abril y mayo de este año 2026, entre 244 emprendedores de 27 países diferentes, tanto de habla hispana como angloparlantes. Poco a poco te iré compartiendo algunos resultados en diferentes artículos.
Quiero comenzar contándote sobre un resultado que me sorprendió incluso a mí. No solo confirmó la importancia de la resiliencia, sino que reveló una aparente contradicción en la forma en que los propios emprendedores la perciben.
Es una contradicción tan llamativa que decidí darle un nombre: la paradoja de los valores del emprendedor.
Un resultado inesperado
En mi investigación analicé la relación entre nueve valores y el éxito alcanzado por emprendedores de distintos perfiles. Para medir los valores, utilicé una escala diseñada por mí de 46 ítems, que me permitió entender los valores que más se asocian al comportamiento usual de los entrevistados en cuanto a su negocio. Además, les pedí a los emprendedores participantes que ordenaran 9 valores en función de la importancia que le atribuyen en su actividad emprendedora: Cuáles de esos valores consideran que les ayudan más a lograr sus objetivos de negocio y alcanzar el éxito.
Adicionalmente, les pedí que evaluaran qué tanto consideran que han alcanzado el éxito con su negocio al momento de la entrevista. Para ello utilicé unas escalas validadas de medición de éxito emprendedor desarrolladas por Dominika Wach (2020).
Esperaba encontrar cierta coherencia entre ambas medidas de valores (las escalas de ítems y el ordenamiento). Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.
La resiliencia, validada a través de las escalas que reflejan el comportamiento de los emprendedores, fue el valor que mostró la relación más fuerte con el éxito alcanzado por los participantes.
Pero cuando les pedí que indicaran cuáles consideraban más importantes, la resiliencia apareció apenas en el séptimo lugar de nueve.
En otras palabras, el valor que mejor predice el éxito es uno de los que menos importancia recibe de forma consciente.
Esa es, precisamente, la paradoja.
¿Cómo es posible?
A primera vista parece un resultado difícil de explicar. Si la resiliencia tiene tanta influencia sobre el éxito, ¿por qué los emprendedores no la consideran especialmente importante?
No creo que exista una única respuesta, pero durante estos meses he pensado mucho sobre esta aparente contradicción y he llegado a varias hipótesis.
1- La resiliencia es un valor invisible
Cuando pensamos en personas exitosas solemos admirar aquello que resulta evidente. Admiramos su creatividad, su capacidad de liderazgo, su visión, su disciplina, su inteligencia para identificar oportunidades.
Pero rara vez admiramos las veces que estuvieron a punto de abandonar. Las noches de incertidumbre, los proyectos que fracasaron, las pérdidas económicas, los clientes que nunca llegaron, las decisiones equivocadas.
La resiliencia casi nunca aparece en la fotografía del éxito. Solo aparece durante el camino. Y como solemos recordar el resultado final, olvidamos todo aquello que permitió llegar hasta él. Quizá por eso la subestimamos.
2- Solo pensamos en ella cuando las cosas van mal
Existe otra posible explicación. Cuando un negocio está creciendo, los emprendedores hablamos de innovación, ventas, expansión, productividad o liderazgo.
Nadie se levanta una mañana diciendo: "Hoy necesito ser resiliente."
La resiliencia solo entra en escena cuando aparece una crisis. Cuando un cliente importante se marcha, cuando un lanzamiento fracasa, cuando un socio abandona el proyecto, cuando los ingresos caen durante varios meses.
Es una capacidad que permanece en segundo plano... hasta que resulta imprescindible.
Y precisamente porque aparece solo en los momentos difíciles, tendemos a olvidarla cuando pensamos qué explica el éxito.
3- El éxito depende tanto de actuar como de resistir
Muchas veces concebimos el emprendimiento como una sucesión de buenas decisiones. Encontrar una oportunidad, diseñar un buen producto, conseguir clientes, formar un equipo, escalar el negocio.
Todo eso es importante.
Pero existe una condición previa que rara vez mencionamos: Permanecer en el juego el tiempo suficiente.
Las mejores estrategias sirven de poco si abandonamos después del primer gran fracaso. La creatividad no genera resultados si dejamos de innovar después del segundo intento fallido. La disciplina pierde sentido si cerramos la empresa antes de recoger los frutos del esfuerzo acumulado.
La resiliencia quizá no produce el éxito directamente.
Pero hace posible que los demás valores tengan tiempo para producirlo.
Un segundo hallazgo igual de interesante
La investigación mostró además otro resultado que merece atención: los emprendedores con mayor edad presentaban niveles más altos de resiliencia. Lo mismo ocurría con quienes dirigían negocios más maduros, con más años de funcionamiento.
Este hallazgo abre una pregunta muy interesante.
¿Por qué ocurre esto?
1- Primera posibilidad: sin resiliencia no llegas
La primera explicación es relativamente sencilla. Quizá los emprendedores menos resilientes abandonan antes.
Las dificultades forman parte inevitable del camino emprendedor. Quienes no consiguen adaptarse a ellas terminan cerrando sus negocios o renunciando a emprender. Así, con el paso de los años permanecen principalmente aquellos que fueron capaces de resistir.
Podríamos decir que es una especie de proceso de selección natural del emprendimiento. No necesariamente sobreviven los más inteligentes ni los más creativos, sino quienes siguen adelante después de cada golpe.
2- Segunda posibilidad: la resiliencia se aprende
Pero existe otra explicación igualmente plausible. Quizá la resiliencia no sea únicamente una característica personal, quizá también sea una competencia que se desarrolla.
Cada crisis deja aprendizajes. Cada error obliga a replantear decisiones. Cada fracaso fortalece la confianza para enfrentar el siguiente desafío.
Con el tiempo, los emprendedores descubren que casi ningún problema es definitivo. Aprenden que las malas rachas terminan pasando, que un cliente perdido puede ser reemplazado, que un producto puede rediseñarse, que un negocio puede reinventarse.
La experiencia no elimina las dificultades, lo que cambia es nuestra forma de responder a ellas. Y esa, precisamente, es la esencia de la resiliencia.
Probablemente ambas explicaciones sean parcialmente ciertas
En realidad, no creo que tengamos que elegir entre una explicación y la otra. Es perfectamente posible que ambas estén actuando al mismo tiempo.
Los emprendedores con menor resiliencia tienen más probabilidades de abandonar en las primeras etapas. Y quienes continúan desarrollan progresivamente una mayor capacidad para enfrentar la adversidad.
Sería un proceso acumulativo.
La resiliencia ayuda a permanecer. Y permanecer ayuda a desarrollar más resiliencia.
Una lección para quienes empiezan
Quizá la principal enseñanza de estos resultados sea que la resiliencia no debería verse como un recurso de emergencia, no es algo que utilizamos únicamente cuando aparece una crisis. Es una capacidad que conviene cultivar desde el primer día.
Del mismo modo que nadie espera lesionarse para empezar a fortalecer sus músculos, tampoco deberíamos esperar una gran crisis para desarrollar nuestra fortaleza psicológica.
Prepararnos emocionalmente para los momentos difíciles forma parte del trabajo de emprender. Porque esos momentos, tarde o temprano, llegarán.
La paradoja continúa
Después de analizar estos resultados sigo encontrando fascinante esta contradicción.
Los emprendedores reconocen la importancia de la pasión, la disciplina, el optimismo, la responsabilidad. Sin embargo, el valor que mostró la relación más fuerte con el éxito ocupa uno de los últimos lugares cuando les preguntamos cuál consideran más importante.
Quizá esto ocurra porque la resiliencia trabaja en silencio. No genera titulares, no aparece en las redes sociales, no suele ser protagonista de las historias de éxito.
Pero está presente cada vez que un emprendedor decide intentarlo una vez más. Cada vez que aprende de un error, cada vez que adapta su estrategia, cada vez que vuelve a levantarse después de una caída.
Y tal vez ahí resida la verdadera paradoja. No es que la resiliencia sea poco importante. Es que solo descubrimos cuánto vale cuando realmente la necesitamos.
Si deseas continuar recibiendo información sobre los resultados de este estudio en mis próximos artículos, asegúrate de sumarte a mi lista de distribución. De esta forma sabrás de inmediato cada vez que un nuevo resultado ha sido publicado. Además, próximamente compartiré una herramienta gratuita de administración online para que evalúes tus valores como emprendedor, y si estás registrado en mi base de datos recibirás en primicia la invitación a llenar la prueba.